LA CRUZ DEL CONFINAMIENTO

Una de las cruces del confinamiento durante la pandemia ha sido el alejamiento de amigos y seres queridos con los que habitualmente compartimos el curso de nuestras vidas.

Somos seres esencialmente sociales y cuando nos falta la comunicación, el apoyo, el afecto y la compañía de los seres queridos, desaparece uno de los más esenciales pilares de nuestra existencia.

Inclusive la base misma de nuestra identidad como seres humanos, según han expresado numerosos psicoanalistas, especialmente Lacan en su contribución sobre “ El estadio del espejo“ descansa en nuestra existencia como seres humanos para un Otro semejante que le permite identificarse como alguien que posee un yo propio. En una edad entre los seis y los 18 meses, se comienzan a sentar las bases de la propia identidad que se sustenta inicialmente en un yo corporal que incluye los afectos y supone el inicio del desarrollo mental.

Comprendemos intuitivamente la importancia que tiene para el bebé ser importante para la propia madre, y también comprendemos la importancia de serlo posteriormente para nuestros hermanos, familiares, amigos y compañeros.

Y también los efectos devastadores que tiene para el bebé ser insignificantes para la madre o el padre. Esta dolorosísima experiencia deja huellas indelebles de vacío y ausencia en el psiquismo humano que aparecerán en un momento u otro de la vida, al irrumpir las crisis y pérdidas que llegan a todo ser humano.

El confinamiento ha supuesto para millones de personas la desaparición de los vínculos de comunicación y afecto sin los cuales la existencia pierde una gran parte de su significado.

Es abrumadora la cantidad de información que circula sobre los efectos sobre nuestra salud mental del confinamiento.

Según datos de El País, «con la aparición de la pandemia, se han prescrito el doble de psicofármacos ansioliticos y antidepresivos, los profesionales de la salud mental parecen están sobrepasados por la elevada demanda y el 49,9 por ciento de la población dice haber tenido problemas de sueño. Un 38,7 por ciento confiesa haber perdido gran parte de su energía». 

Por otro lado, según el Centro de Investigación Sociológica (CIS) «los casos de depresión mayor han aumentado en el mundo un 28 %» y tal y como cifra The Lancet, «un 26 % los trastornos depresivos, trastornos por ansiedad y por estrés postraumatico fueron, cinco, tres, y cuatro veces más frecuente respectivamente que lo que había reportado antes la OMS».

Aunque la enfermedad mental llega a todos, no parece hacerlo por igual, pues incide más en las mujeres, los jóvenes y en la población de menos recursos. No incide de manera igualitaria en las viviendas de familias que viven en espacios pequeños o hacinadas que en las que cuentan con amplios espacios, jardines o grandes  patios donde puedan los hijos expandir su energía. 

La pandemia ha mostrado la importancia de destinar recursos a la salud mental de forma que todas las medidas que las autoridades puedan favorecer para la recuperación de nuestra normalidad familiar o social son de una inestimable importancia.

Y entre éstas, los profesionales de salud mental contemplan la recuperación de las relaciones como un elemento indispensable para restaurar el equilibro emocional.

Carmen Monedero. 

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