LA PSICOTERAPIA PSICOANALÍTICA/ DINÁMICA: HERRAMIENTA FUNDAMENTAL EN LA SALUD MENTAL DEL SIGLO XXI

Leemos en la prensa cada mañana voces de ecologistas, filósofos, científicos, médicos, pensadores, artistas, políticos, humoristas y unlargo etc, que pregonan que, el mundo tal y como lo conocíamos hasta ahora, se derrumba como un castillo de naipes.

La era digital y la globalización están provocando un cambio de paradigma social, quizás tan importante como otros antes, por ejemplo la aparición de la escritura, con la diferencia de que ahora los cambios son veloces y se expanden rápidamente, aunque no de forma equitativa ni mucho menos, por todo el planeta borrando diferencias identitarias entre los países y culturas.

La sociedad líquida —metáfora que todos conocemos del filosofo Bauman— esta disolviendo los pilares y normas firmes en las que la sociedad se ha apoyado durante siglos. Esa fluidez que caracteriza la era de la posverdad nos deja sin referentes o faros por los que orientarnos, y por el contrario, nos ofrece un “todo puede ser” a la carta. La sociedad capitalista liberal nos lanza la promesa de completud a través del consumo que actualmente ha trascendido lo puramente material para abarcar lo experiencial e identitario “si consumes esto o lo otro llegaras a ser esto o aquello «un todo es posible” que finalmente es un espejismo imaginario, mentiroso y paradógico: parece que nos da la posiblidad y la libertad de no repetir lo que por herencia social y familiar hemos recibido como mandato, pero por otra, complejiza aun mas si cabe la construcción identitaria y la vivencia subjetiva de los individuos.

Las carreras profesionales son mil veces mas diversas que hace tan solo 40 años; las “nuevas sexualidades” nos ofrece un catalogo que podemos elegir ya desde niños; las nuevas parentalidades y modelos de familia se diversifican en nuevas formas cada año que pasa dejando atrás la familia tradicional que tantos años ha sido el pilar de la sociedad; el lugar de residencia, —el hogar— tan importante en la señas de identidad de los individuos ha dejado de ser el lugar de origen para ser cualquier sitio en el que podamos lle- var nuestro “personal computer”, y así un largo etcétera.

Lo que por una parte es una ganancia de libertad individual y singularidad que impulsa cambios sociales importantísimos, por ejemplo el rol femenino en la sociedad, por otra nos dificulta la construcción de la identidad; la elección infinita de posibilidades es apabullante y desconcertante cuando no completamente irreal; la posverdad nos deja solos y desamparados de normas, principios y valores ya sean explícitos e implícitos; la velocidad general de la sociedad imprime presión y tensión identitaria apremiándonos constantemente sin dejarnos crear intimidad con nosotros mismos y con los otros y exigiéndonos una exposición constante al exterior de perfección, potencia y felicidad a través de las redes sociales a los que todos nos asomamos cada día y casi cada instante.Como señala el filosofo Byung Chul Han, vivimos en una sociedad que ensalza el éxito, la excelencia y el rendimiento constante provocando un colapso en nuestra vida y dejándonos agotados y deprimidos.

El autor reflexiona sobre cuales son las consecuencias para el sujeto y cuál es el precio en términos de psicopatología de esta nueva era en la que estamos inmersos. Desde el psicoanálisis, la neurociencia y la psicología evolutiva sabemos que la construc- ción de la subjetividad y el desarrollo de la identidad no es un proceso que el sujeto hace de forma autónoma e independiente sino que depende de mecanismos de identificación e interiorización, de procesos de armonización con lo que esta fuera de nosotros, hasta el punto que podemos decir que lo de fuera nos constituye.

Como hemos escuchado en multitud de ocasiones, el ser humano es el ser viviente mas prematuro cuando llega al mundo: pura potencialidad, todo por hacer. Nos construimos en interacción con el entorno, el otro con mayusculas y minúsculas es el espejo en el que nos miramos para construir nuestra identidad.El laberinto de espejos en los que nos miramos ahora nos devuelve una imagen distor- sionada como cuando íbamos a la tradicional sala de los espejos cóncavos y convexos en las ferias.Este desparrame de espejos cambiantes exige del sujeto cada vez más, una fortaleza y resiliencia que le permita orientarse desde dentro para discernir sobre todo y en primer lugar quien es, para luego poder albergar un deseo y una forma de enfrentarse a la realidad.

Las cosas pueden complicarse mucho si no tenemos una brújula interior solida y al mismo tiempo flexible.Vivimos en una sociedad que maltrata al sujeto y genera problemas en la identidad, en la estructuración misma de la subjetividad y en el valor que el sujeto se otorga a si mismo y a lo que le rodea. El maltrato se ve avalado por la cantidad de patología mental que ya esta aquí y la que se avecina. La OMS prevé que en los próximos años la patología mental será la primera causa de discapacidad en nuestra sociedad. Los servicios de salud mental están saturados, la patología infantil y adolescente aumenta exponencialmente, los intentos autolíticos y los que se convierten en más que intentos también.

Según datos publicados por la OMS, una personal se suicida en el mundo cada 8 minutos con un total de 800.000 suicidios al año. Si la psicopatología del siglo XX era una patología estructurada en base a mecanismos represivos, como nos decía Freud, la del siglo XXI, que asoma ya sin timidez alguna, es una patología de fragmentación, de rotura psíquica, de falta de integración y equilibrio, que marca fallas en la construcción de la subjetividad y en el sentimiento de si mismo, tan necesario para poder sentir cierta coherencia y permanencia.Las personas necesitan sentirse personas reales, vivas, autenticas, coherentes y en continuidad consigo mismas. Y eso es cada vez mas difícil en la feria de los espejos cóncavos y convexos que nos trae esta sociedad basada cada vez más en la imagen virtual y menos en el contacto real de las cosas.


Por eso desde el lenguaje psicoanalítico hablamos de patología de déficit versus patología de conflicto porque hay una falla en la construcción identitaria en donde se desdibuja la frontera entre lo interno y lo externo, entre fantasía y realidad, entre el yo y los otros. Como efecto de esa rotura identitaria aparecen profundas heridas narcisistas que afectan a la autoestima, impidiendo una vinculación gratificante con los demás, creando relaciones de dependencia, falta de autonomía y personas aisladas que necesitan conexión. Apatía, depresión, sentimiento de futilidad y vacío, cuadros de angustia y ansiedad, estados que dejan perplejo y paralizado al sujeto; trastornos del sueño y del apetito, temores hipocondriacos o malestares corporales son una forma de expresión habitual del sufrimiento psíquico en la actualidad.

¿Porque la psicoterapia dinámica psicoanalítica es una herramienta fundamental para la patología del siglo XXI? La psicoterapia psicoanalítica toca de lleno el corazón de lo que la sociedad contemporánea liquida niega al sujeto. El método y la técnica psicoanalítica priorizan la escucha singular y la relación paciente terapeuta .El paciente no es un insecto que hay que mirar en el microscopio y catalogar y etiquetar para luego administrarle la consabida píldora, sino un sujeto al que hay que escuchar con profundo respeto, como algo ciertamente sagrado.

La escucha del paciente va mas allá de los síntomas buscando la comprensión del sufrimiento psíquico subyacente. El psicoterapeuta se deja habitar por las palabras del paciente y no lo invade con su propio discurso y su saber, lo cual repetiría la invasión significante de la sociedad actual. El terapeuta psicoanalítico, que no puede dejar de estudiar prosiguiendo así una formación continua inacabable, no detenta un saber ante el paciente sino que lo construye con él, juega, como dicen Pablo Juan, a saber el saber del otro y con el otro. Es una escucha sin juicio donde se ponen palabras a lo no dicho nunca antes, lo vivido no pensado.

Esta escucha proporciona una experiencia única e intima, en la que la persona se siente reconocida en su singularidad. Hablar de si mismo, conocerse y reconocerse, identificar los fragmentos aislados y ponerlos en relación permite integrarlos en la trama de su historia personal, de manera que su historia se vuelva pensable, la vida confusión se convierta en relato y esto le permita ir apropiándose de su proyecto o generar uno nuevo sintiéndose apto para el futuro. Pensarse, como dice Josep Maria Esquirol en su magnifico ensayo “La resistencia intima” es una urgencia social.


A partir de la escucha de los pacientes y de la relación que se establece entre paciente y terapeuta podemos ir entendiendo y discerniendo cómo se ha estructurado una determinada psicopatología en el interior del sujeto. Los psicoanalistas no trabajamos tanto con un diagnostico concreto como con el concepto de estructura psíquica. En función de la estructura psíquica vamos a priorizar una forma de trabajar u otra ayudando allí donde ha- yamos detectando que es mas necesario para la persona.A través del análisis de la relación que se establece con el terapeuta el paciente puede ir entendiendo como se relaciona con los otros y con el mundo y tomar responsabilidad sobre lo que le pasa y por qué.

La psicoterapia, permite al paciente crear nuevos patrones relacionales que le posibilitan mayor conexión humana y bienestar, cambiando la relación con los otros y consigo mismo. Hoy, los psicólogos, los psiquiatras y los médicos interesados y comprometidos con la Salud Mental que queremos contribuir a reducir el sufrimiento psíquico y mejorar el bienestar de las personas tenemos un gran reto por delante. Debemos afinar nuestras técnicas y herramientas terapéuticas y ofrecer nuevas respuestas profesionales a los nuevos desafíos que plantea nuestro entorno. Para ello el psicoanálisis es una disciplina herramienta de primer orden porque trabaja desde la clínica singular sin olvidar que el sujeto es la construcción del espejo en el que se mira.

Pilar Revuelta

Psicoterapeuta. Psicoanalista.

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